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“Soy Jack Johnson, campeón mundial del peso pesado. Soy negro, y nunca permitiré que ellos lo olviden. Son negro, ¿okey?, y jamás permitiré que me hagan olvidarlo”. Estas palabras de quien ganara el título de esa categoría en 1908 cierran el álbum Tribute to Jack Johnson de Miles Davis, el cual originalmente reunía sólo dos temas creados por el trompetista para el documental Jack Johnson, The Big Fights, dirigido por William Cayton (1970), y ha vuelto a salir a la venta convertido en un box set de cinco CD.
El homenaje musical de Davis a Johnson es todo menos casual. No se trata solamente de que el trompetista era negro, al igual que el hombre que en 1910 liquidó por nocaut en Las Vegas a la primera “Gran Esperanza Blanca” de la historia del boxeo. El golpe que hizo ver estrellas al caucásico fue celebrado como un amanecer para la raza negra por William Waring Cuney. “Oh Dios mío, qué mañana, oh Dios mío. Qué sensación cuando Jack Johnson hizo que James Jeffries volviera su rostro de Blanca Nieves hacia el techo”, escribió el poeta del Renacimiento de Harlem.
No fue por simple coincidencia que Miles Davis fuera un admirador del campeón. No sólo además porque después de esa pelea se le entregó por fin a Johnson el título que había ganado limpiamente dos años atrás sino también porque el estado de Texas prohibió la exhibición de las películas en las que el negro aporreaba sin cuartel a sus rivales blancos. Para ponerle coto definitivo, las autoridades se deshicieron del campeón con todas las de la ley: lo acusaron de transportar a una mujer blanca de un lado a otro de la frontera estadal, un peligroso delito en aquella época, aunque la dama en cuestión se convirtiera después en la esposa del boxeador. Johnson tuvo que huir de Estados Unidos para no ir a la cárcel por ser negro y por ser campeón mundial del peso pesado. Eso tampoco hay que olvidarlo.
Miles Davis admiraba a Jack Johnson, por encima de todo, porque había sido desde niño un fanático del pugilato. Y más que eso: en 1952, en una etapa de su carrera ensombrecida por la adicción a la heroína, el músico acudió a un entrenador para rogarle que lo dejara boxear. El preparador se negó a admitirlo en su gimnasio hasta que Davis dejara la droga. Inspirado entonces por la disciplina y el estilo de otro de sus héroes, el campeón de los pesos welter y mediano Sugar Ray Robinson, el trompetista logró desenchufarse de la jeringa, y comenzó una nueva etapa de su carrera al firmar con el sello Columbia en 1955. El round continuó sin que sonara la campana hasta 1975, cuando el alcohol y las drogas tumbaron otra vez a Miles Davis.
“Right Off”, la pieza que abre la versión original de Tribute to Jack Johnson es un tema de fuerte pegada, como cabe esperar. La guitarra dura de John McLaughlin, combinada con el bajo pulsante de Michael Henderson, hacen que suene como si el trompetista hubiese sido invitado a tocar con una poderosa banda de funk, como Sly & The Family Stone o el Parliament de George Clinton. Los solos de Davis, sin embargo, siguen siendo una continuación de las exploraciones que comenzaron en Kind of Blue (1959), disco que consagró la llamada improvisación modal. En este estilo de jazz, los músicos no crean sobre la base de acordes, como se solía hacer hasta entonces, sino de escalas enteras y muy diversas. Eso le da a la música un toque de vértigo armónico que no proviene de la velocidad, como en el frenético be-bop de Charlie Parker y Dizzy Gillespie, sino de la búsqueda de lo desconocido. Davis ensaya frases cortas, luego de las cuales se sumerge brevemente en el silencio para volver a atacar después con las combinaciones de sonidos menos esperadas. ¿Boxeo musical?
Otro rasgo que define esta etapa de la carrera de Miles Davis es la participación de Teo Macero como productor. El método Macero para el ensamblaje de discos de jazz eléctrico consistía en poner a los músicos a improvisar libremente en el estudio para después armar los temas mediante la combinación de diversos segmentos editados. Un montaje similar al del cine, el pulso rítmico del funk y el contraste de todo esto con la imaginación frecuentemente oscura e incluso siniestra del trompetista, resumen entonces lo que es Tribute to Jack Johnson: música hecha a puñetazo limpio.
Después de la última de estas sesiones, Miles Davis no volvió a grabar durante casi dos años. Regresó en 1972 con On the Corner, que resultó muy poco digerible para los críticos, al igual que casi toda la producción del “período eléctrico”. Pero eso, quizás, pone de manifiesto un vínculo profundo entre la música de Davis (1926-1991) y el boxeo de Johnson (1878-1946): la osadía para hacer lo que los demás creen que no puede ni debe hacerse y el valor necesario para asumir las consecuencias.
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